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Por un "18" sin violencia
Equipo Alerta - Willi Kaufmann

Niño con Volantin

Septiembre se viste de fiesta, la primavera tímidamente se asoma en nuestros cielos invadidos de volantines, de tricolor se pintan las calles. Como nación tenemos una historia de tradiciones hermosas que nos hermanan y nos invitan a festejar como hijos de una patria que nos enorgullece.

Es habitual que en este mes de Septiembre, la gran mayoría de los ciudadanos pongamos lo mejor de nuestra parte para sentirnos más cercanos, para poner el énfasis en los que nos une como chilenos y dejar a un lado lo que nos distancia por razones políticas o de cualquier orden. Es tiempo de aguinaldos, de empanadas jugosas compartidas en alegre camaradería, de esperanzas renovadas, de buenos deseos, de tonadas y cuecas en fondas sembradas a lo largo de nuestra geografía. Hasta en los lugares más apartados del planeta hay grupos de compatriotas recordando con nostalgia a nuestra tierra.

Pero no todo es jolgorio, este mes es tiempo de campañas invocando a la cordura, que nadie conduzca vehículos si ha bebido alcohol, de evitar que nuestras carreteras se conviertan en escenarios de tragedias. Que ningún niño salga herido por los hilos curados de los volantines, cuya fabricación y venta está prohibida, pero que de igual manera se comercializan en forma clandestina.  Que cada chilena y chileno asuma  con especial responsabilidad   el cuidado de sí mismo, de los demás, de los bienes públicos y del medio ambiente.

Y hay algo más que deriva de la ingesta desmesurada de bebidas alcohólicas.  Algo que jamás debiera suceder y que aumenta bajo el pretexto de celebrar nuestras fiestas patrias, es la violencia intrafamiliar. Mujeres y niños que son cobardemente golpeados en arrebatos de  borrachera ciega que no tienen justificación alguna. Son atentados a la base misma de la convivencia que empobrece y denigra la condición humana de quienes lo cometen.

Por eso también este llamado, que se suma a todos los anteriores, este NO a la violencia, a las riñas etílicas, al vandalismo y al cruel maltrato intrafamiliar.

¡Que para “todos” sea en realidad un Feliz Dieciocho!

 

¿Perdio la Chile?

 

Beatriz Altamirano - Consejera Orientadora Familiar CENFA

La pregunta fue hecha por mi nieta de 5 años al mirar por TV la celebración de los hinchas en plaza Italia. Su pregunta tenía sentido. Un niño no puede entender que para celebrar un triunfo deportivo algunos necesiten echar las “plazas y paraderos por las ventanas” y consumir alcohol o drogas hasta perder el control.

La violencia es un tema recurrente hoy, el alcoholismo asociado a ella, también.

El efecto en la familia y por lo tanto en la sociedad es grave, los estudios y estadísticas los avalan, nuestra experiencia en el trabajo con familias, los confirma.

Es el momento de reflexionar profundamente acerca de las necesidades que hay detrás del hecho de embriagarse, para buscar también la explicación de una destrucción sin sentido.

Nos preguntamos, al igual que muchos: ¿Qué los tiene tan enojados, para transformar un momento de alegría y celebración en una orgía de destrucción? ¿Contra quienes o contra qué va dirigida tanta agresividad?

Muchas son las hipótesis que ante estos hechos podemos tener, como muchas son las circunstancias en que observamos el descontrol en fiestas o celebraciones en que el alcohol es el protagonista principal, dejando al festejado o lo festejado, como en este caso, en segundo plano.

A nadie le es ajeno el hecho de vivir en una sociedad en que la presión por el rendimiento académico, el logro de metas en lo laboral, el costo de lograr el éxito a veces se hace intolerable. Las largas jornadas laborales, que atentan a la posibilidad de compartir en familia. El incansable ir y venir de los padres de fiesta en fiesta para buscar a sus hijos. La dificultad de  padres y maestros para poner límites y ejercer autoridad. Las frustraciones de muchos jóvenes que observan como se construye una sociedad sin ellos, sintiendo por lo tanto, que no son responsables de cuidar lo que sienten no les pertenece. La escasez de líderes que los reencanten con ideales que los trascienda, jóvenes o adultos sin esperanza, “se borran”, para no sentir ni pensar. Llenan el vacío de sus vidas consumiendo bienes, drogas u otros.

Esta realidad nos duele y nos preocupa. Nos duele por el daño y sufrimiento para todos los involucrados en las consecuencias de acciones antes mencionadas. Nos preocupa, porque la repugnancia ante el espectáculo de la violencia, el repudio ante escenas como las exhibidas recientemente, ya no serán noticia en algunos días más y se diluirá la emoción, para ser reemplazada por otra que nos conmueva sin que produzca un real compromiso con esa realidad.

Creemos que la búsqueda de soluciones a estos problemas nos debería involucrar a todos, Somos más fuertes y creativos cuando salimos de nuestro aislamiento y nos unimos a otros.   

Podemos construir, junto a otras familias, a las autoridades, colegios, universidades, iglesias, instituciones, una sociedad con sentido, donde todos nos sintamos parte de ella y responsables de su destino.

Un día martes ganó el equipo de la Universidad de Chile, pero perdimos en dignidad todos los chilenos.

Está bien, que  gane la Chile, pero que también ganemos los chilenos. 

 

Publicaciones

La violencia también se enseña

Beatriz Altamirano - Consejera Orientadora CENFA

Ante innumerables hechos de violencia, de consecuencias graves, se han alzado voces condenando estas situaciones, sin lugar a dudas,  repudiables.

Se proponen todo tipo de soluciones, como cárceles, penas mayores para los agresores, detector de metales en los colegios, expulsiones y otras.

Llama la atención que junto a estas iniciativas y programas para reparar estos daños, no exista (son escasas) una reflexión más profunda y permanente, desde diferentes miradas, en cuanto a la responsabilidad que nos cabe a cada uno de nosotros en colaborar con este clima de violencia, modelo de convivencia agresivo, que todos sufrimos y muchas veces provocamos.

La violencia se enseña, no obstante, ponemos afuera, en los otros o en la sociedad como un ente abstracto, la solución al problema. No tenemos conciencia que con nuestra conducta ejercemos violencia.

Somos modelo de violencia cuando:

  • No escuchamos al otro, ya sea a nuestros hijos, esposa y a todos aquellos con los cuales nos relacionamos a diario.
  • Cuando descalificamos al no tener argumentos.
  • Cuando insultamos y/o golpeamos a nuestro cónyuge, pololo o pareja.
  • Cuando humillamos al que está a nuestro servicio o ejercemos el poder con el más débil.
  • La violencia también se enseña cuando permitimos mal trato entre nuestros hijos y de éstos hacia nosotros.
  • Cuando los agredimos psicológica o físicamente.

 Si hacemos un ejercicio de empatía podremos experimentar, talvez, lo que sentirá por ejemplo:

Un automovilista cansado que es pasado a llevar por la berma en un taco de carretera o cuando lo insultamos porque "no atina” en una luz roja.

Mi vehículo más potente me permite apabullar al otro y a la vez estoy demostrando muchas cosas: falta de respeto, de educación, de consideración. Valores al parecer que olvidamos.

Nuestros hijos son espectadores silenciosos y aprendices aplicados cuando a conductas de sus padres se refiere.

Somos testigos impotentes, a veces, del mal trato en un hospital, para el que solicita atención. Maltrato en la forma de ser recibidos o en las largas esperas para ser atendidos o para lograr una intervención quirúrgica que muchas veces llega tarde. Los pobres no tienen alternativa, por lo que sufren doble discriminación.

Cuanta de esta impotencia, dolor, desesperación se transforma en bomba que estalla en el interior de una familia, en el trabajo o en el colegio.

Hace algunos días dos parlamentarias hablaban en un reportaje, de su cansancio en cuanto a la dinámica que se daba en el parlamento. Las violentaba este ambiente confrontacional y  las hacía buscar otros caminos para realizar su vocación política.

La convivencia entre los chilenos, mis hermanos, se ha deteriorado a tal nivel, que en el Metro, en la calle, en el bus, nos miramos como adversarios.

Reflexionemos, observemos nuestra propia violencia diaria y propongámonos: Tolerancia cero con la violencia mía y la violencia de los otros.

Santiago, 29 de Marzo de 2009


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