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Ayuda Familiar |
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El perdón Intrafamiliar
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Posiblemente nuestro oído esté mucho más
acostumbrado a oír el término “Violencia Intrafamiliar”, y muy pocas
veces, o tal vez nunca hayamos escuchado a alguien referirse al
“Perdón Intrafamiliar”. La violencia al interior de las familias es
una realidad profundamente dolorosa que está presente en todos los
niveles sociales y ante la cual, más vale tarde que nunca, se
llegado a legislar y se están tomando medidas, siempre escasas e
insuficientes para prevenir su ocurrencia y para procurar aminorar
sus inconmensurables daños.
En esta oportunidad quiero motivar una
reflexión de lo que podría ser el polo opuesto a la “violencia y el
maltrato” y que es el “perdón” al interior del ámbito familiar y al
hacerlo, precisar antes que nada que cuando hablo de perdón, no lo
relaciono unilateralmente con el tema violencia, en el cual, en
frecuentes casos, un mal entendido perdón de parte de la pareja
abusada hacia su abusador tiene como resultado que los daños se
perpetúen y se hagan cada vez mayores y terminen en grandes
tragedias. En las situaciones de violencia el perdón solo puede
existir si el abusador ha pagado su culpa, ha estado en tratamiento
y se ha rehabilitado totalmente.
Por otro lado en las relaciones familiares se
dan en el día a día y en forma natural e inevitable toda clase de
conflictos, desde los más superficiales provocados por diferencias
de personalidad, gustos, opiniones, anhelos, historias de vida,
etc., hasta otros más profundos y significativos en los cuales están
presentes anhelos, frustraciones, expectativas, sueños, esperanzas,
situaciones no resueltas y tantas otras variables que se entrelazan
con sentimientos a veces reprimidos o mal exteriorizados por un
cúmulo de temores o emociones que se manifiestan conteniendo
rabias, culpas o rencores.
Es muy frecuente que muchos de estos conflictos
sean pasados por alto, se nieguen y oculten. Otros se resuelven de
mala manera, imperando actitudes dominantes o evasivas, dejando
heridas y acumulando tensión en las relaciones.
En todo tipo de relación podemos decir o actuar
de alguna manera que aunque no haya sido nuestra intención, deje
heridas. En el calor de las discusiones, en los laberintos de las
rabias, en la impotencia de no sentirnos escuchados o tomados en
cuenta, en el empecinamiento de querer imponer nuestro criterio, en
las sombras de nuestros juicios y prejuicios, en la sorda lucha de
poder subterránea que puede darse en nuestras interacciones, es más
que posible que usemos términos ofensivos, que seamos irónicos, que
saquemos a relucir flaquezas de nuestro adversario, recurramos a las
burlas, el menoscabo y la ofensa de nuestro oponente.
Muy pocos o casi nadie está libre de ser
víctima o victimario de estas realidades, pero al mismo tiempo, si
lo que prevalece en la familia es el amor, cuando los lazos
afectivos al interior de las parejas y entre estas y sus hijos y
otros miembros de la familia, son fuertes y generan dinámicas que
privilegian la unión, el cuidado mutuo, el respeto, la protección,
el auxilio, el apoyo y todo lo que conduzca a la formación de
círculos virtuosos, la capacidad de perdonar juega un rol
fundamental.
La capacidad de perdón nace del corazón de cada
individuo como un don, una “donación” que nos hace renunciar a
nuestro orgullo. Si bien es cierto a primera vista perdonar es una
renuncia nuestra para la sanación del otro, es también un regalo
que nos hacemos a nosotros mismos, un elixir sanador de nuestras
propias heridas.
Si bien el “amor incondicional” existe y no es
solo una utopía y la capacidad de perdón puede ser infinita, también
es una humana realidad que el dar perdón por parte del ofendido sea
facilitado y se haga posible por el gesto de “pedir perdón” por
parte del ofensor. El reconocimiento de ser ofensores, nos abre el
camino ancho de la reconciliación y el merecimiento de ser
perdonados. Nuevamente en este caso, como lo es en el “perdón dado”,
el “perdón pedido”, sana al otro y nos sana.
¡Que bueno sería practicar más y hablar más del
“El Perdón Intrafamiliar” y que al interior de las familias se
generaran los espacios, las voluntades y toma de conciencia de las
bondades del perdón!
Willi Kaufmann Cabiol
Consejero Familiar
Centro Nacional de la Familia - CENFA
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Qué necesita el Ser
Humano que lo recibe en el ámbito Familiar.
Equipo Alerta
CENFA - Willi Kaufmann
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Las necesidades
del ser humano se pueden clasificar en los siguientes grupos:
A.- Necesidades biológicas: Nutricionales, de salud, de vivienda,
protección, etc.
B.- Necesidades sociales: Habilidades comunicacionales, cognitivas,
conductuales, etc.
C.- Necesidades psico-emocionales: Amor, cariño, afecto,
pertenencia, enraizamiento, aceptación, seguridad, autoestima.,
desarrollo personal, identidad, etc.
D.- Necesidades espirituales: Sentido de vida, trascendencia,
misión, etc.
En la fase
inicial de la evolución humana, estas cuatro grandes agrupaciones
son proporcionadas en el ámbito familiar. En etapas posteriores se
suman instancias dadas por la sociedad para complementar y ampliar
la satisfacción primaria, pero nunca para reemplazarla o
sustituirla. Así por ejemplo, los jardines infantiles, colegios,
centros comunitarios, centros de formación técnica profesional,
comunidades religiosas, centros de salud, organizaciones policiales
y de la defensa, industrias, medios de distribución y comunicación,
etc. son instrumentos creados por la sociedad compuesta por
individuos nacidos en estructuras familiares que se organizan para
satisfacer sus necesidades. Todos los actores que articulan estos
instrumentos (trabajadores de la educación, la salud, las redes
sociales, empresarios, dirigentes, integrantes de comunidades
religiosas, organizaciones de todo tipo y de todo ámbito) son en los
hechos actores que ponen sus trabajo, habilidades y conocimientos al
servicio directo o indirecto de la satisfacciones de necesidades del
ser humano, vistos ya en su edad adulta como integrantes de un gran
sistema social que en su base está constituido por familias.
Mientras más
fortalezas muestre el sistema familia para satisfacer las
necesidades tempranas de sus miembros, estos son a su vez dotados de
mejores recursos para enfrentar su vida futura, empezando por los
aspectos nutricionales, como también sociales, psico-emocionales y
espirituales. En el caso de las familias en situación de pobreza, la
sociedad puede hacer mucho por contribuir a paliar los déficits en
los rubros de nutrición, salud y vivienda. Sin embargo puede hacer
mucho menos o casi nada en satisfacer las carencias emocionales, es
allí donde la familia no es desechable en lo absoluto y su rol es
preponderante para la evolución armónica, equilibrada y sana de los
individuos.
Definición de
Familia:
Las hay muchas y muy variadas. Desde diferentes puntos de vista, la
sociología, la psicología, la política, la religión, la filosofía,
antropología y tantas otras miradas ofrecen definiciones que no
viene al caso mencionar, si lo que queremos es ofrecer una visión
propia desde la experiencia de haber compartido por tantos años los
conflictos, fortalezas y realidades que afectan a miles de familias
que han buscado un denominador común: mejorar su calidad de vida.
Hemos visto entonces que la familia es la vez muchas cosas:
En lo primario es un lugar físico: casa, departamento, albergue,
pieza, mediagua, carpa, sitio, vivienda compartida, etc. Todo lo que
contribuye al concepto de Hogar.
En lo biológico
es una red de vínculos que comprende padre, madre, hermanos,
abuelos, primos, tíos, cuñados, suegros, etc., conjunto que los
expertos separan generalmente en tres categorías: familia nuclear,
familia de origen y familia extensa.
En lo emocional
es el espacio afectivo donde por primera vez el ser humano recién
nacido experimenta el sentimiento de amor y sus derivados: cuidado,
contención, caricias, ternura, comprensión, tolerancia, perdón,
apoyo, etc. y lo que es más fundamental “incondicionalidad”. Este
espacio es dado y pasa a ser constante en el tiempo y es en él donde
todas estas manifestaciones se pueden experimentar a lo largo de
vida.
En lo psico-social,
la familia es la primera formadora de conductas y valores
permanentes, como el respeto, la responsabilidad, la solidaridad, la
fidelidad, la honestidad, la generosidad, etc., como así también
nuevamente el afecto, la tolerancia, el perdón, el apoyo, la
contención y otros que hacen posible la amistad y la sana
convivencia.
En lo espiritual,
la familia es para creyentes y no creyentes un modelo a escala
humana de la creación universal.
Definir en
síntesis este conjunto de factores no resulta fácil y tal vez por
ello es que pareciera que siempre es necesario crear nuevas
fórmulas. La mía no pretende sustituir a ninguna, sino más acercarla
lo más posible al plano afectivo que es “el donde” se experimenta la
familia en mayores fortalezas.
La familia es por
sobre todas las cosas el espacio afectivo por excelencia donde el
ser humano puede conocer y experimentar el amor en sus
manifestaciones más plenas de la incondicionalidad, respeto,
contención, perdón y tolerancia y con ello ser partícipes de una
sociedad basada en la armonía y el bien común de todos sus miembros.
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Dejen Bajar antes de Subir
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Frase infinitamente repetida en los medios de
locomoción colectiva, más aun desde la implementación del sistema de
transporte metropolitano Transantiago que trajo como consecuencia
una duplicación del número de pasajeros que usan el Metro.
Frase, recomendación, petición u orden que muy pocas personas
escuchan y obedecen, no obstante su único propósito es facilitar la
baja y subida a los carros y cuya lógica es de una comprensión
básica.
¿Qué explicación podría tener la epidemia endémica de sordera
nacional frente una situación tan simple de bien público que no sólo
no perjudica a nadie, sino que beneficia a todos por igual? Tal vez
un exacerbado individualismo, una gran carencia de solidaridad
mutua.
Es lamentable pero cierto que buena parte de nuestra sociedad, en
tantos otros casos, como en este, muestre una indiferencia abismante
hacia lo público. Plazas, caminos, parques, paraderos de buses,
señaléticas, muros, calles, servicios higiénicos y muchos otros son
ejemplos palpables de desaseo, vandalismo e indolencia por su
cuidado. Simplemente no existe consciencia que lo público es todos y
por ser de todos debemos cuidarlos como nuestro.
Y es aquí donde surge una nueva y trascendental interrogante,
¿Existe verdadera conciencia sobre el sentido e importancia de
cuidar lo propio? ¿Cuidamos y conservamos nuestros haberes
personales? ¿Cuales son nuestros bienes más allá de los objetos
materiales? ¿Que hay de nuestro lenguaje, de nuestra responsabilidad
como padres y/o como hijos, nuestra salud y el bienestar de nuestra
familia? ¿Evitamos los excesos del alcohol, rechazamos y condenamos
todo tipo de drogas, violencia intrafamiliar sea física, psicológica
o patrimonial? ¿Consideramos que la buena comunicación dentro y
fuera de la familia es un bien importante?
Todo esto y mucho más es también “dejar bajar antes de subir”, Dejar
bajar nuestra sordera individualista de egoísmos, prejuicios,
intolerancia e indiferencia, para luego poder dejar subir al carro
de la vida, nuestra cordialidad, solidaridad y aportes al bien
común.
En resumen comprender de una vez y para siempre que el bien común es al
mismo tiempo nuestro propio bien y el cuidado de nuestros bienes
personales superiores es nuestra mejor contribución al bien común.
Willi Kaufmann Cabiol – Centro Nacional de la
Familia (Cenfa) (Jul.2009) |
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La pregunta fue hecha por mi nieta de 5 años al mirar
por TV la celebración de los hinchas en plaza Italia. Su
pregunta tenía sentido. Un niño no puede entender que para
celebrar un triunfo deportivo algunos necesiten echar las
“plazas y paraderos por las ventanas” y consumir alcohol o
drogas hasta perder el control.
La violencia es un tema recurrente hoy, el alcoholismo
asociado a ella, también.
El efecto en la familia y por lo tanto en la sociedad es
grave, los estudios y estadísticas los avalan, nuestra
experiencia en el trabajo con familias, los confirma.
Es el momento de reflexionar profundamente acerca de las
necesidades que hay detrás del hecho de embriagarse, para
buscar también la explicación de una destrucción sin
sentido.
Nos preguntamos, al igual que muchos: ¿Qué los tiene tan
enojados, para transformar un momento de alegría y
celebración en una orgía de destrucción? ¿Contra quienes o
contra qué va dirigida tanta agresividad?
Muchas son las hipótesis que ante estos hechos podemos
tener, como muchas son las circunstancias en que observamos
el descontrol en fiestas o celebraciones en que el alcohol
es el protagonista principal, dejando al festejado o lo
festejado, como en este caso, en segundo plano.
A nadie le es ajeno el hecho de vivir en una sociedad en que
la presión por el rendimiento académico, el logro de metas
en lo laboral, el costo de lograr el éxito a veces se hace
intolerable. Las largas jornadas laborales, que atentan a la
posibilidad de compartir en familia. El incansable ir y
venir de los padres de fiesta en fiesta para buscar a sus
hijos. La dificultad de padres y maestros para poner
límites y ejercer autoridad. Las frustraciones de muchos
jóvenes que observan como se construye una sociedad sin
ellos, sintiendo por lo tanto, que no son responsables de
cuidar lo que sienten no les pertenece. La escasez de
líderes que los reencanten con ideales que los trascienda,
jóvenes o adultos sin esperanza, “se borran”, para no sentir
ni pensar. Llenan el vacío de sus vidas consumiendo bienes,
drogas u otros.
Esta realidad nos duele y nos preocupa. Nos duele por el
daño y sufrimiento para todos los involucrados en las
consecuencias de acciones antes mencionadas. Nos preocupa,
porque la repugnancia ante el espectáculo de la violencia,
el repudio ante escenas como las exhibidas recientemente, ya
no serán noticia en algunos días más y se diluirá la
emoción, para ser reemplazada por otra que nos conmueva sin
que produzca un real compromiso con esa realidad.
Creemos que la búsqueda de soluciones a estos problemas nos
debería involucrar a todos, Somos más fuertes y creativos
cuando salimos de nuestro aislamiento y nos unimos a
otros.
Podemos construir, junto a otras familias, a las
autoridades, colegios, universidades, iglesias,
instituciones, una sociedad con sentido, donde todos nos
sintamos parte de ella y responsables de su destino.
Un día martes ganó el equipo de la Universidad de Chile,
pero perdimos en dignidad todos los chilenos.
Está bien, que gane la Chile, pero que también ganemos
los chilenos.
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La violencia también se enseña
Equipo Alerta CENFA - Beatriz Altamirano
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Ante innumerables hechos de violencia, de consecuencias graves, se han alzado voces condenando estas situaciones, sin lugar a dudas, repudiables.
Se proponen todo tipo de soluciones, como cárceles, penas mayores para los agresores, detector de metales en los colegios, expulsiones y otras.
Llama la atención que junto a estas iniciativas y programas para reparar estos daños, no exista (son escasas) una reflexión más profunda y permanente, desde diferentes miradas, en cuanto a la responsabilidad que nos cabe a cada uno de nosotros en colaborar con este clima de violencia, modelo de convivencia agresivo, que todos sufrimos y muchas veces provocamos.
La violencia se enseña, no obstante, ponemos afuera, en los otros o en la sociedad como un ente abstracto, la solución al problema. No tenemos conciencia que con nuestra conducta ejercemos violencia.
Somos modelo de violencia cuando:
- No escuchamos al otro, ya sea a nuestros hijos, esposa y a todos aquellos con los cuales nos relacionamos a diario.
- Cuando descalificamos al no tener argumentos.
- Cuando insultamos y/o golpeamos a nuestro cónyuge, pololo o pareja.
- Cuando humillamos al que está a nuestro servicio o ejercemos el poder con el más débil.
- La violencia también se enseña cuando permitimos mal trato entre nuestros hijos y de éstos hacia nosotros.
- Cuando los agredimos psicológica o físicamente.
Si hacemos un ejercicio de empatía podremos experimentar, talvez, lo que sentirá por ejemplo:
Un automovilista cansado que es pasado a llevar por la berma en un taco de carretera o cuando lo insultamos porque "no atina” en una luz roja.
Mi vehículo más potente me permite apabullar al otro y a la vez estoy demostrando muchas cosas: falta de respeto, de educación, de consideración. Valores al parecer que olvidamos.
Nuestros hijos son espectadores silenciosos y aprendices aplicados cuando a conductas de sus padres se refiere.
Somos testigos impotentes, a veces, del mal trato en un hospital, para el que solicita atención. Maltrato en la forma de ser recibidos o en las largas esperas para ser atendidos o para lograr una intervención quirúrgica que muchas veces llega tarde. Los pobres no tienen alternativa, por lo que sufren doble discriminación.
Cuanta de esta impotencia, dolor, desesperación se transforma en bomba que estalla en el interior de una familia, en el trabajo o en el colegio.
Hace algunos días dos parlamentarias hablaban en un reportaje, de su cansancio en cuanto a la dinámica que se daba en el parlamento. Las violentaba este ambiente confrontacional y las hacía buscar otros caminos para realizar su vocación política.
La convivencia entre los chilenos, mis hermanos, se ha deteriorado a tal nivel, que en el Metro, en la calle, en el bus, nos miramos como adversarios.
Reflexionemos, observemos nuestra propia violencia diaria y propongámonos: Tolerancia cero con la violencia mía y la violencia de los otros.
Santiago, 2009
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Papá y mamá no tienen trabajo |
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El trabajo es uno de los esquemas rectores más importantes de nuestra vida. Llega a organizar prácticamente toda nuestra existencia, influyendo en elementos tan simples como nuestra formación, la hora que nos levantamos, la ubicación de nuestro domicilio, qué comemos, cuándo y dónde, los tiempos que dedicamos a estar con la familia, etc.
Por otra parte, el trabajo le aporta al individuo una identidad social (nuestro trabajo se asocia a nosotros en forma tan intrínseca como nuestros apellidos), la vinculación a personas, a metas comprometidas, así como una de las fuentes más importantes de nuestra autoestima.
La persona que pierde su trabajo, no sólo pierde su fuente habitual de ingresos, sino que experimenta también una serie de importantes pérdidas, que van a influir notablemente en su bienestar físico como psicológico, tanto más, cuanto tiempo se mantenga la situación de desempleo.
No cabe duda que el concepto de desempleo es uno de los factores estresantes más importantes de la sociedad. La persona que pierde su trabajo tiende a experimentar una serie de sentimientos de inutilidad, de inseguridad, a veces, de culpa, que terminan generando un importante cambio a menos en su auto concepto y una reducción notable de su autoestima.
Cuando la situación de desempleo se extiende a lo largo del tiempo, tiende a producirse, además, una notable disminución en la motivación, y aparece la sensación de que haga lo que haga va a dar igual porque no va haber ningún cambio a mejor.
La disminución en la autoestima y la indefensión se encuentran en la base de muchos trastornos físicos y psicológicos. En términos generales, se tiene a pensar que las consecuencia más importante del desempleo son dos:
Por una parte, la pérdida de la forma de obtener los ingresos que nos permite mantener nuestro nivel de vida.
Por otra, la complicación de tener que buscar un nuevo empleo.
Ante esto la familia es un soporte importantísimo. Entonces ... ¿Qué podemos hacer?
La mayor parte de los esfuerzos del desempleado, deben ser la de integrarse nuevamente en el mundo laboral, pero en ningún caso deben descuidarse otras áreas de nuestra vida. Por eso es necesario reforzar todos los aspectos positivos que nuestro familiar tiene. Dar a entender que no somos lo que ganamos, sino el potencial que llevamos dentro.
Ayudar a nuestro familiar a reconocer sus intereses y preferencias profesionales, así como colaborar activamente en su proceso de búsqueda de empleo, siendo sinceros en la conveniencia de las alternativas y teniendo mucha paciencia.
Fomentar el contacto social. El desempleado produce un paulatino aislamiento social que es el causante de muchas de las nefastas consecuencias del mismo. En la medida de lo posible, debemos hacer que nuestro familiar se relacione con nuevos grupos y personas para que no se sienta solo.
Finalmente, no evitar el tema. Se trata de poder hablar con naturalidad del tema, sin dramatismo. Si bien es un tema grave, tiene solución y está en todos poder ayudar a salir de esta situación. |
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Bellavista 61, Recoleta |
Yungay 1827 |
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